miércoles 21 de mayo de 2008

Enemas en la Administración al tiempo que el crudo sigue desbocado en su carrera alcista. Termino el tascabile mientras pienso en saldar deudas conmigo mismo. Cafeína y borrones en mi puedo prometer y prometo.
Las puertas del metro se abren como latas y planchas durante un accidente y desluces con tu despeinado, enormes gafas de sol, ropa del día anterior, parodia de anuncio de reconstituyente, ¿Somos el tiempo que nos queda? Cuando la mierda te rodee, come hasta reventar, come y come.

Los puercos continúan la guerra. El dolor de estómago se hace insoportable. Sin embargo ni es el principio ni nada termina aquí. A qué tanto miedo? Por qué esa obstinación, ese silencio de prostituta de lujo?Muerte por envenenamiento.

martes 20 de mayo de 2008

Hoy he videado las nuevas instalaciones de una emisora de radio: Un auténtico derroche de recursos. El desarrollo de un medio de comunicación de este tipo no interesa pero esa plataforma tiene que existir y debe estar controlada a toda costa. He recordado que cuando se producía el genocidio en los grandes lagos africanos en las emisoras estatales de esas repúblicas tan corruptas sólo sonaba música clásica. Un relato que hace que la metralla cobre un sonido más estremecedor. En ACTRYGA hubo verdaderos problemas para conseguir una radio. Los políticos la temen pero tuvieron que ceder ante la presión de las "asociaciones". La han permitido una vez que se han asegurado que sólo es su altavoz. Incluso les gustaría alegar que después de un par de años no resulta rentable y que por falta de audiencia y por resultar costoso debería ser mejor darla inmediatamente de baja, que es lo que están consiguiendo.

lunes 19 de mayo de 2008

No deja de tener delito que lo único que haya leído estos días sea el catálogo Ikea y porque me lo encontré ayer encima de un sofá. Hasta ahora nunca he ido a uno de estos sitios y tenía la intención de decorar el queo con cualquier cosa que encontrara en un contenedor que pasarme por la sueca a demostrarme que reproduzco un modo de vida fotocopiado. Aún no me veo en la taza del water repasando las distintas ofertas como el hígado de Jack antes de irse al club a pegarse hostias, pero la cosa apunta por ahí. El viernes estuve cociéndome en la primera fila del concierto de And One, con el codo encima del escenario y desde ahí quise enviar un mensaje a La Liebre, que seguramente debería estar pegando trompos con la moto en la montaña. La recomposición de temas y las versiones de grupos de los ochenta fueron una buena forma de matar una semana de varias saturaciones. Esta no empieza mejor: troubles everywhere. Malkavian cumplió años y por lo que sé hubo fiesta larga. En el exilio también hubieron homenajes particulares, siempre llenos de significado. El domingo hubo un concierto de 79 en el Clap, en el marco de unas jornadas especiales para personas discapacitadas. 79 vuelve a tocar este jueves pero en la city: a las 19:00h. los podréis ver en la Fnac de Diagonal Mar. Es un buen momento para este grupo dado que la oportunidad de hacer dos conciertos tan distintos en tan poco espacio de tiempo y teniendo en cuenta que se acerca el Dia de la Música, se puede decir que están cogiendo un ritmo de actividad muy fuerte.
Es lunes. Un buen día para romar una taza de té a la salida del trabajo.

jueves 15 de mayo de 2008

No sólo se trata de amueblar la cabeza sino también el opresivo espacio de unos pocos metros cuadrados con vistas al exterior.

martes 13 de mayo de 2008

Estaba mirando la lluvia a través de la ventana de una casa entre las montañas. La reserva de agua del parque natural del Montseny a las espaldas. El batín chino de mi madre, una taza de té sin ningún sabor. Echaba de menos el narghile y tomar una copa. La garganta estaba tan infectada que ya no podía ni hablar, ni comer, ni tragar saliva. Estuve tranquilo, relajándome, no haciendo nada, con la taza de té. Cuando las fiebres se fueron pude reseguir en los cuadernos las últimas notas de mi novela. El agua no dejaba de caer. Extraños hombres con pinta de muñeco salían por la caja tonta intentando decir cosas importantes. Echaba de menos una copa en un buen sitio, aunque no tenía ganas de ver gente.
Días después vuelvo a estar despeinado sorteando personas en los túneles del metro. Un retorno cargante a la oficina. 12.000 chinos murieron bajo los escombros y Gordon Brown ya prepara la corbata para ahorcarse una vez deje de ser Primer Ministro. Nada del otro mundo. Malkavian va quedando lejos. La nueva etapa es aquí pero apenas me estoy instalando en este distrito, aún hay cosas por hacer y tengo ganas de visitar las exposiciones y ver los museos. La vida literaria que se destila aquí no va a ser mayor que en ACTRYGA. Los escritores tienen trabajos de media jornada y medias familias que mantener. No van al Paral·lel ni forman grupucúsculos con manifiestos amarillos. No hay más esteticismo que las modas pasajeras que aquí lo son más, sin embargo la aventura individual en el fondo es algo que me apasiona y este es un buen momento para vivir una ciudad incansable de forma total y me costaría decir no a algo así.
Un saludo, brothers and sisters, dramas y camelleros, ladies und gentlemen

viernes 2 de mayo de 2008

Opus 9, moderado. La mirada aguda en pensamientos indescifrables. Extravíos en limbos de hierro. Contínuo. Las notas golpeaban cada pulsión, cada momento de incertidumbre puesto en tela de juicio, un ideario dislocado, triste pero sin otro posible movimiento. Ideas oscilantes en el interior de una cámara frigorífica de carne roja. Durmientes como ganado hacia engaños coyunturales. Unos fluorescentes resaltaban lo pálido de la epidermis enferma que los suelos urbanos nos teñían de mortecino en un día a día sin sentido que no llevaba más allá de la siguiente estación, una más del perfecto entramado donde no cabía más posibilidad que la de la aceptar todo lo que venía. Las mismas premoniciones, los mismos estadios de inalcanzables, remotamente lejos de aquellos niveles profundos en los que un alud sumiso de desclasados se contienen sin más esperanzas que los mensajes culpabilizadotes de todo aquello que no lograrán tener. Los mismos estadios de inalcanzables estaban también dominados por falsos héroes para entretenerlos, paquetes de vacaciones donde no van a ver nada, locales nocturnos donde reventar y desahogarse, sólo para volver de nuevo a ese rebaño mecanizado, insulso, donde ya no es preciso que un programa los configure para un funcionamiento basado en la productividad. Nuevos amorfos ingresan en las filas. La mirada clavada en las ventanas del vagón hacia el desplome, el dolor se acelera y remonta más allá de lo soportable para la consciencia. Las leyes del mercado en realidad no existen.
El flautista esperaba en el borde del andén. Dos lunares tatuados, en cada mejilla. El rostro blanqueado, las túnicas antiguas, el manto del Nepal. Esperas a esa descalza figura alegórica que tañe el sonido de una danza egipcia que habla sobre la muerte en una balsa, entre las cañas, los juncos, el barro. Una misma melodía que ha oído repetida en los momentos de mayor pesimismo, de nuevo se reproduce, amordaza a todos los que transitan en sus pensamientos vacuos hacia sus importantes obligaciones, los adormece como la peor droga, los hace danzar hacia una muerte que será deseada. Reconoce la canción y contempla al flautista. Le teme no por su fabulación sino por ser el mensajero de una fuerza extraña, tan sólo es un sueño. No mucho más grande que el de los demás durmientes. Pensamientos desde un sarcófago desconsagrado, desde un punto oculto, desde un habitáculo donde terminar con el cuerpo desnudo y tendido. Muerte por silencio, mordiendo el polvo ahogándose en la suciedad del aire. ¿Quién dijo que la superficie podía ser mejor? Sólo la vista lejana de las amplias luces de los edificios bajo los cuales nos amamos, cuando creíamos rebelarnos luchando por algo que lo cambiara todo, brillando por millares por nuestra ausencia de luz, solo los altos macizos que hablaban de triunfo resplandecen proclamando el gran engaño. ¿Acaso alguien pensó que ahí las cosas podrían ser más fáciles?
No estábamos engañados cuando mirábamos el mar pudriéndose con la ancha torre tapando la vista. Lo llamábamos el Brooklyn y tan solo era un peñasco en el que queríamos entrar para remontar por sus ascensores hasta una brisa inexistente. Estar bajo las estructuras de hierro que sostienen esos anuncios grotescos era conseguir uan gran impresión, lograr algo verdaderamente grande. “Eso es mío”, te repite el cartel luminoso. “Este lugar me pertenece”.Desafiarlo, penetrarlo, escalarlo para demostrar que eso ya no es cierto era un pensamiento prohibido aunque llenara el vacío de los neones. Bebíamos mirando la torre con el mar estancado durmiendo al fondo, soportando un frío de atardecer en la mitad del día. Bebiendo por todas las ciudades idénticas que asolan nuestra Europa.